¡COMPARTE EL BLOG!

Suscripción vía mail

Ingresa aquí tu email:

Gracias por tu seguimiento

martes, 16 de octubre de 2012

Hace tiempo tuve un corazón cobarde que sólo latía ante las virtudes. Caminaba en busca de cumplidos sinceros y promesas de esperanza. 
Sin embargo todo cambió la primera vez que me enamoré de un defecto. 
Sucedió de repente, sin esperarlo. De una persona que no cosechaba demasiados (al menos no tantos como yo), encontré uno y me casé con él. Todavía somos felices juntos. Además, desde entonces no me conmueve ninguna virtud ni belleza que no esconda algo de debilidad, de silencio y confusión. El amor debe residir en el ideal desgastado del recuerdo deshilachado de alguna carencia. Y todo lo que dancemos será alrededor.
Por eso no quiero que me nombren, ¡porque yo no soy mi nombre judío! 
Jamás hablen de mí. No existo cuando no estoy presente, así que no estarán hablando más que de un nombre que no elegí y de unos actos que no me representan en absoluto. Yo tan solo soy mis silencios, las cosas que nunca haré. No se dejen impresionar por mis mediocridades virtuosas. 
Nunca he existido en ninguna de las conversas en las que se me ha citado, 
ni en los recuerdos que les quedan de mí. Mi esencia es la contradicción. 
Por eso retiro lo dicho y lo reitero hasta quedarme afónico. Y si algún día deciden enamorarse de algo que me pertenezca, que sea de alguno de mis defectos. Del resto de mí no soy yo el dueño, sino la mujer que amo, o en todo caso su genial defecto, que hace a los míos escribirle agradeciendo todo lo que siempre hizo por mí. Sin embargo, pronto sucederá algo que cambiará para siempre nuestras absurdas y maravillosas vidas. Adiós, Carlota.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

"Entonces Lievin comprendió claramente, por primera vez, lo que no había podido captar bien después de la bendición nupcial: que el límite que les separaba era intangible, y que nunca podría saber dónde comenzaba y dónde terminaba su propia personalidad. "
Incluso Karenina caía en contradicciones. Incluso Ana, dudaba y se estremecía delante de las manchas opacas de Lievin.Incluso... Y siempre, siempre literatura universal.

;

Publicar un comentario

 

Copyright 2010 El coleccionista de silencios.