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lunes, 24 de mayo de 2010


Todo el público en pie ante uno de los momentos más importantes en la vida de los presentes. Diego prepara el balón, lo mira con confidencia, incluso lo besa en un acto de exagerada superstición. Coloca el esférico en el punto de penalti mientras Sergio observa fijamente sus movimientos y realiza unas palmas insonoras con sus guantes embarrados. El momento ha llegado, se están jugando el campeonato. Diego toma distancia, en cualquier momento empezará a correr hacia el balón. De repente, una voz asoma de entre la algarabía de la multitud. Es la mamá de Diego, al que la rutina alimenticia reclama. La final tendrá que esperar.


viernes, 21 de mayo de 2010

Aparentemente, Roman y ella sólo compartían el trayecto. Después de sumarse al colectivo en Artigas, Roman empezaba a despertar. Cuatro minutos más tarde, ella se incorporaba al camino en La Paternal, siempre con aquella modosidad, aquel frágil trenzar de sus pies cuando subía los tres peldaños que conducían a un conductor. Roman le observaba desde la primera hilera, suspenso ante la elegancia que desprendía la mujer cuando cometía el ritual ineludible de contar con estoicismo los pesitos de su faltriquera. Después reseguía con esmero el rastro de olores y colores que evocaba su falda, creando un caminito de misterio hasta el último asiento del vehículo, tras lo cual, permanecía rígido con la mirada al frente, observando con desidia los semáforos y las esquinas. Jamás pensó en darse la vuelta; saber que estaban navegando juntos por aquel mar de cemento era suficiente recompensa para él. Ella bajaba antes, tal vez en Malaver o en San Andrés. El caso es que cuando Roman encontraba su destino en Villa Ballester, ella ya no estaba allí. Y así pasó la vida, y los desconocidos se conocieron en las rutinas. Nadie sabía nada y nadie preguntaba. Hasta el momento la imaginación les había brindado las respuestas que necesitaban.

Después de sentir su ausencia durante siete jornadas, Roman se preguntó la razón. Lo curioso es que ésta vez su imaginación se silenció y permaneció callada, forzada a no responder algo hiriente para su benefactor, convencido de que los autos de hoy en día se estropean con facilidad.

jueves, 20 de mayo de 2010

Se terminó el prólogo. A modo de diario íntimo, como si fuera yo la señorita Frank o Lulú, declaro terminada mi primera etapa "litero-virtual", de carácter mucho más ociosa y despreocupada que la que prácticamente me auto-impongo a iniciar. El caso es que, para aquellos que deseen rebuscar entre los polvorientos baúles de la anterior página, pueden acceder a ella a través de su nuevo dominio: http://www.davidrebollogenestar.blogspot.com/
De todos modos, como es posible que no alcance con constancia mi tentativa de escritura asidua, no dejaré de mostrar alguna que otra "vieja joya" con tal de comentarla y exhibirla.

Así pues, sean bienvenidos a mi mundo de colores miscibles.
 

Copyright 2010 El coleccionista de silencios.