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jueves, 31 de mayo de 2012



- Esperaba algo más que mi nombre en el sobre.
- ¿Qué esperabas?
- No sé. Tal vez algún detalle. Un escrito.  Una frase.
- El detalle era el silencio. 
- ¿El silencio?
- No dejo de escribirte sin tener la más remota idea de si me leés,
y en el caso de que me leas, puede que lo hagas como quien lee
la crónica negra en un periódico local… ¿Cómo podría saber si 
lo que escribo te estremece aunque fuese un cuarto de corazón?
De ahí el silencio. No quiero poner más palabras en tus ojos.
Quiero que tus ojos decidan mirarme cuando lo necesiten.
- ¿Cómo puedes seguir queriéndome?
- ¿Y vos por qué te empeñás en seguir enamorándome?
- ¡Yo no me empeño en nada! Al final tendré que hacerte
el daño que no quiero, o ignorarte para siempre, para que 
me odies cada día un poco más, y puedas olvidarte de mí.
Estoy harta de tu sombra, que camina por mi mente sin horarios.
- Aunque me ignores, no lo hacés por indiferencia. 
Cuando callás por amor, me enamoro de tu ausencia.
De tu silencio. Es tu estrategia. Sin más.
- ¿Y cuál es la tuya?
- Que un día cualquiera, no sé cómo, ni sé
con qué pretexto, sepas terminar este verso.
- Te odio.
- Yo tampoco.




David.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Ya sé que son sólo palabras. Y sé lo cómodo que resulta el velo y las horas muertas. Ojalá pudiera regalarte hechos, pues tengo un saco lleno de ellos, pero no quieren abrumarte más. Han aprendido a ser pacientes y a ocurrir sólo cuando alguien desee que ocurran, porque no quieren dar lugar a falsas deducciones, ni a que los pienses disfrazados de chantaje o coacción. Si eso ocurriese ninguno de ellos tendría sentido, porque su sentido no es una finalidad, sino el simple y despreocupado acto de que sucedan, y nos ofrezcan la excusa perfecta para compartir por compartir, y tal vez, arrancarnos alguna sonrisa de imprevisto y arrojarla al cielo, para recuperarla cuando estemos alejados, pintada de recuerdo.
Y ya sé que siguen siendo sólo palabras, pero sólo son en la medida que vos las lees. Y sólo esconden la interpretación que vos les das cuando es una interpretación bondadosa, y son las antípodas cuando malpensás sobre ellas.
Tengo escritos estos rostros tuyos de mi puño y letra (mala letra, vos sabés). Los voy recopilando guardaditos y tal vez algún día lleguen a tus manos los originales. Ahora no porque sería obligarte a leerme, y no te merecés esa tortura. Por mi parte todo bien. Si en algún momento te angustiase no saber de mí e intentar descifrar mis pensamientos y haceres, quiero que sepas que puedes estar en paz y tranquila, y creerme si te digo que nada de lo que vivo ningún daño te haría, todo lo contrario. Estoy limpiándome de miedos para abrazarte con la fuerza del sol cuando nos reencontremos.
Por último te quería decir que disfruto mucho escribiéndote. Es un momento a solas con vos. Con el vos que hay dentro de mí. Y no creas que los escribo como quien escribe un monólogo, sino que me resulta parecido a una correspondencia, porque sé la cara que estás poniendo ahora, y lo poco que queda para que arrojes la ceniza del cigarro, y la sonrisa que se te acaba de dibujar en la cara. Vos sí que sos grande, inabarcable. 



Por cierto, ayer entré en una cafetería, me senté a seguir leyendo el libro más hermoso que existe, que es el que vos me regalaste, y empezó a sonar Manolo García. No te podés imaginar la sonrisa de mis labios. Y cuando terminé y empecé a caminar por Via Laietana, las personas que me cruzaban, vestidas de fantasmas con caras tristes, me miraban con sorpresa, como preguntándose qué clase de maga podría hacer durar tanto una alegría.




David

domingo, 20 de mayo de 2012

En aquel auto plateado apenas entraba el aire. 
Dentro, Estela revivía sensaciones que creía olvidadas,
su piel ya no era su piel, sino una alfombra de huellas.
Fuera, la noche parecía acogerla entre sus brazos,
y entre el repicar de la lluvia y los relámpagos,
descubrió lo difuso de los límites, lo relativo de los
recuerdos, que a la vez que se volvían débiles,
brotaba en ellos la fuerza de lo feliz, pues no había
sido traída al mundo para dejar un rastro de 
inseguridades, sino para descubrir todos los 
colores y pintarse del que más le gustase.
Por eso al volver, se quitó los zapatos, los guardó
en su bolso verde, y caminó pisando charcos
hasta el balcón de su cielo, en el que algunas 
noches también llovía, pero llovía un agua tan 
dulce que le resultaba imposible no volver a su
encuentro. Y bajo él se posaba frágil, silbando 
hasta que apareciese una silueta tras el ventanal. 


Cinema Paradiso (1988)


David.



miércoles, 16 de mayo de 2012

















16/05/2012

Es muy posible que yo no sea sino tu ángel.
Alguien que inexplicablemente, pase lo que pase,
permanece en tu vida como una estrella en el cielo,
y se ofrece en cuerpo y alma a tu felicidad, y vive para ella.
Esto lo he ido descubriendo con el tiempo, y me sorprende 
igual que a vos. El hecho de que no entiendas por qué 
sigo existiendo de esta forma me vuelve tan mágico… 
Y me da la certeza absoluta de que nadie más en el 
mundo sabría cómo hacerlo. Ni tan siquiera se atrevería.
Pero si el devenir me condena a ser un recuerdo 
en tu vida, lo cual no espero ni deseo, me gustaría 
al menos ser el mejor de los recuerdos,
porque no atesoro más que bondad hacia vos,
que sos una primavera eterna de alegrías.
El trabajo de ángel lo conservo de todas maneras.
Y en esto sí que soy… irreductible.




David Rebollo

domingo, 13 de mayo de 2012

11/05/2012

Hoy he soñado con una tierra aislada del resto de planetas.
Estaba muy cerca del sol, casi podía abrazarlo.
Parecía querer derretirse en su fuego.
Tal vez sea yo esa Tierra, o quizás sea su luna.





















13/05/2012

¿Es posible enamorar a una mujer sin poesía?
¿Puede uno conformarse con la tranquilidad de lo terrenal
después de probar un dolor tan placentero como el
de volar relleno de vértigo hasta los huesos?
¿Se puede engañar al corazón con las falsas 
promesas de lo sencillo, preso de la euforia de lo factible?
¿Será el tiempo el motivo de salvarse de las 
preocupaciones por las que realmente merece la pena
vivir, y aceptar lo venidero como esperanzador,
aunque de ello no dejemos escapar ni una gota
de improvisación? ¿O será el miedo cruel que nos invade?
Tal vez las mujeres terrenales sean un invento de Dios
para distraer a los poetas, o conformar a los serenos.
Un descanso ante el camino eterno de mis besos.
¿Pero a nosotros, que ya probamos la sangre de lo volátil,
quién puede seducirnos lejos de nuestra historia? 
¿Qué flor sabríamos llegar a oler fuera del edén?
Tal vez, y sólo tal vez, algún día olvides mi voz, 
pero reencuentres la inspiración que creías enterrada, 
y vuelvas a escribir pensando en mí, o en quién sabe quién.
Qué más dará el destinatario, si ese día volverá a florecer
en vos el cielo más brillante que unos ojos puedan soportar.
Y tal vez, y sólo tal vez, en el preciso instante que hagas
de tu alma poesía, vuelvan el resto de planetas a su
órbita natural, y el sol ya no sea un astro incandescente,
sino una mujer y un hombre haciendo el amor.



David Rebollo

jueves, 10 de mayo de 2012



















10/05/2012

Qué cerca me siento en tu lejanía
y qué pronto me siento en tu recuerdo
para quedarme dormidito a la sombra de
tus ojos, que son olivos en flor cuando
se abrazan a las palabras de estas cartas,
y a través de ellas vuelven a sentir las
yemas de mis dedos moldeándolos
en silencio, atentas a tu pestañeo.

Y así se entregan a tu voluntad
de abrirlos y encontrar su luz,
o de cerrarlos y apagar la pasión.
Y te ayudan a ello, sea lo que sea.
Y me alegra, igual que a vos,
esa libertad infinita que nos conceden.

Porque al fin reencontré la felicidad
del que no espera recibir de la vida
más que frágiles bocanadas de
magia repartidas por los rincones.

Y vuelvo a ser quien se conmueve
al ver un pájaro alzar el vuelo.

Mientras me pregunto si yo seré él.


Att;

ElAstronauta

lunes, 7 de mayo de 2012













07/05/2012


Quién pudiera vivir de viejos presagios. De palabras.
Y entenderlas como yo, no como débiles susurros.
He venido a contarle que las noches a su lado son las más luminosas.
Aunque nos veamos incómodos el uno del otro y no lo entendamos.
Aunque nos sintamos lejos en las medianeras. Y tan cerca acá.
Hoy vine para que me recuerde así. Porque así es como soy.
Y así me voy por un tiempo, lleno de temblores.
Dejando estos rostros de vos como único rastro.
Para que siempre me encuentre en ellos.
Y detrás de mí, a usted si lo necesita.
Porque nada me hace más feliz que saberme un niño.
Y viajar a la luna llena. A esperar.
Y plantar allí un jardín de nostalgia.
Para que cualquier noche
pueda señalarla con el dedo,
y explicarle a sus amigos,
a sus padres o a sus hijos,
que allí vive el astronauta.



jueves, 3 de mayo de 2012

















Porque tú eres así, unos días de colores, otros días gris.
A veces te reconoces en los espejos, otras ni te encuentras.
Algunas noches me añoras, otras huyes de mí.
O entras aquí, esperando qué se yo,
mis palabras supongo, que te gustan porque en ellas
siempre eres de colores, te reconoces y me añoras.
Y por eso las lees una y otra vez, para verte feliz,
en paz, sabiendo que hay alguien enamorado de vos,
no de tu cuerpo, sino de vos. No de tu alegría, sino de vos.
Alguien que está ahí, cuando crees que lo mereces,
y cuando crees que no, esperando, sin que comprendas
qué diablos ha visto en tus ojos, que siempre habían sido
mudos, presos de una muchacha insegura que no sabía
si podía volar, hasta que, valientes por fin, se lanzaron
junto a los míos al precipicio de lo que desconocían.
Eso es algo que siempre tendrán en cuenta,
porque es más que todo lo que puedas negarles.

Porque tú eres así, a veces quieres silbar bajo mi balcón
y no te atreves. Y otras quieres escribirme y no eres
capaz de encontrar las palabras. Porque yo te las robé.
Y escuchas las canciones que te escribo mientras lloras
sonriendo, e ingenua de ti, crees que me debes algo,
y eso te bloquea y te hace exigirte imposibles,
cuando imposible era para mí deshacerme de mis
fronteras y aprender a escribir llorando de alegría.
Porque tú eres así, a veces bebes para no pensar,
y te entregas a aquello que no te complica la vida,
y otras veces darías lo que fuera por perderte en
mis laberintos, que son los más bonitos que has
conocido, y pasear de mi brazo oliendo flores.
Y a veces te obligas y otras te escapas de la jaula
para volar hasta mí, y volver a sonreír,
no por no llorar, sino sonreír rebosante de felicidad
al recordarme entregado a ti sin pedir nada a cambio,
tan ilógico como siempre, lleno de detalles inexplicables,
como escapado de una película de bajo presupuesto.
E intentas imaginar la siguiente sorpresa que te tengo
preparada, pero sin embargo, el mundo entero se
pone a mi favor, y misteriosamente, vuelves a sentirte
la persona más afortunada del universo.

Pero qué injusto el miedo que a veces compartimos
y que nos hace ser como no somos, y no saber lo que
decimos. Qué injusto que le gustemos tanto y nos traiga
de nuevo nubes a nuestro cielo, ese que tantas noches
nos ha llevado construir y llenar de estrellas y lunares.
Qué injusto que nos haya visitado y nos quiera matar
la sonrisa de esta manera tan inocente e inmerecida.
Pero qué justo es el tiempo, que borra los miedos,
y los convierte en granitos de arena cuando nos
parecían montañas. Qué justo es el tiempo, que nos
ha demostrado tantas cosas y unido tantas veces.
Qué suerte que separe al farsante del enamorado
y sepa darle valor a todo aquello que nos escribo.
Qué suerte tenemos de que esté de nuestra parte y
no nos rocíe con su olvido maldito, que es el peor
veneno que puede inyectarse un humano.
Suerte, porque nos hemos hecho inmunes a él.

Porque tú eres así, y a veces quieres borrarme de ti y
otras dejas una miga de esperanza allí donde sabes que
pasearé, para que la recoja y no olvide que yo también
puedo contar contigo aunque no sepas decírmelo.
Y en ocasiones te sientes la musa que eres,
y otras sólo la víctima de un montón de burda poesía.
Y a veces quieres dudar de mis escritos para aliviarte,
y otras me ves tan diferente al resto que te asusta
pensar en dejar de volar conmigo, tan loco y raro
como soy, y volver a poner los pies en la tierra de
los adultos, tan fría y llena de cálculos y de rutinas.
Y así soy yo en tu mente, a veces un agobio y otras
un luchador. A veces un iluso, otras un soñador.
A ratos un aburrido, a ratos una sorpresa constante.
Hay días que hago la mudanza en tus recuerdos,
y otros en los que me quedo a vivir con ellos.
Y qué suerte o desgracia que tengas que aguantarme.
A mí, la única persona en todo el planeta que sabe
coleccionar tus silencios y convertirlos en palabras,
que a veces te entristecen y otras se convierten en
razones para que seas la mujer más feliz del mundo.
Porque a veces yo soy tú, y a veces tú eres yo.
Todo según se mire.





David.

 

Copyright 2010 El coleccionista de silencios.