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martes, 20 de mayo de 2014

     Entraste por la puerta preguntando
¡¿Todas estas ventanas dan al mismo patio?!
Antes de que los niños se aprendieran tu nombre,
 te encontré regando las flores del mantel.

                                                                                                     Gabriella Barouch

Nombramos la muerte y reímos;
resolvimos no resolvernos,
como dos ríos que cruzan la noche
lloviendo una letra al invierno.

Amanecí treinta besos más joven
y dispuesto a contar las hormigas.
Me cambié de ropa y de nombre,
mitad lumbre, mitad hombre,
y dos ojos panza arriba.

Cuando el hielo desemboca
en la boca de un cualquiera,
se comprende:
¡no hay manera!
de escaparle a la derrota
de apagar la enredadera.

Dame fuego que me enfrío,
no permitas el naufragio,
que tus huesos no son míos
pero a bordo del navío
veinte negras son adagio.

Borra el piso,
pinta un paso,
me da un beso
y todo pasa.

Baila un tren en la estación,
sacude el polvo a tu pasión,
me lo dijo una canción
que no fue por compasión.

Ábreme tu corazón,
la ilusión ha vuelto a casa.




 

Copyright 2010 El coleccionista de silencios.