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miércoles, 15 de febrero de 2012




Nos citamos en una tormenta de Brassens,
e hicimos un monumento a su mauvaise réputation.
Yo era el Rocamadour de Cortázar,
ella pintó mi decadencia.
Voltaire desayunaba a nuestro lado.
Mientras, en un Sena de Monet se fundía la nieve.
En la ciudad que regaló la de la Libertad.








1 comentarios:

Sergio Martínez Martin dijo...

Grande david. Igual de grande que es Rayuela, cómo me transporta este libro recién cogidito entre mis brazos, duermo con él, hablando glíglico con mi musa o con quién esté al más puro estilo de Cortázar.

Cuidate David, espero verte pronto tio!

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