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domingo, 22 de julio de 2012

Alejarse de la ciudad acerca el corazón a su dueño;
puede uno hasta escuchar sus latidos sin confundirlos
con gritos o claxons, y es tan dulce esa paz, que a veces 
el alma se sale del cuerpo, para observarse desde arriba.
Después de conocer la vida simple, llena de colores,
es incapaz de alegrarme la idea de volver al cemento gris, 
al tráfico, a los desconocidos que caminan con prisas, a esa
sensación de que en las ciudades nadie quiere conocerse...
Y vivir en la tranquilidad. Nos he visto allí, en ese jardín,
en esa casa de madera. Me he visto escribiéndote mientras
amanece, un poema por cada día que compartamos cama.
Y después acercarme al naranjo, pensando en el desayuno.
Y bailar. Y reír, sobretodo reír. Y anochecer boca arriba.
¡Que hasta he vuelto a ver estrellas! Me hablaron de vos.
Te traje un regalo, espero que te guste. Eran hermosos...




David

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