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domingo, 13 de mayo de 2012

11/05/2012

Hoy he soñado con una tierra aislada del resto de planetas.
Estaba muy cerca del sol, casi podía abrazarlo.
Parecía querer derretirse en su fuego.
Tal vez sea yo esa Tierra, o quizás sea su luna.





















13/05/2012

¿Es posible enamorar a una mujer sin poesía?
¿Puede uno conformarse con la tranquilidad de lo terrenal
después de probar un dolor tan placentero como el
de volar relleno de vértigo hasta los huesos?
¿Se puede engañar al corazón con las falsas 
promesas de lo sencillo, preso de la euforia de lo factible?
¿Será el tiempo el motivo de salvarse de las 
preocupaciones por las que realmente merece la pena
vivir, y aceptar lo venidero como esperanzador,
aunque de ello no dejemos escapar ni una gota
de improvisación? ¿O será el miedo cruel que nos invade?
Tal vez las mujeres terrenales sean un invento de Dios
para distraer a los poetas, o conformar a los serenos.
Un descanso ante el camino eterno de mis besos.
¿Pero a nosotros, que ya probamos la sangre de lo volátil,
quién puede seducirnos lejos de nuestra historia? 
¿Qué flor sabríamos llegar a oler fuera del edén?
Tal vez, y sólo tal vez, algún día olvides mi voz, 
pero reencuentres la inspiración que creías enterrada, 
y vuelvas a escribir pensando en mí, o en quién sabe quién.
Qué más dará el destinatario, si ese día volverá a florecer
en vos el cielo más brillante que unos ojos puedan soportar.
Y tal vez, y sólo tal vez, en el preciso instante que hagas
de tu alma poesía, vuelvan el resto de planetas a su
órbita natural, y el sol ya no sea un astro incandescente,
sino una mujer y un hombre haciendo el amor.



David Rebollo

2 comentarios:

Moli Eduard Molinet Forment dijo...

Siempre es el miedo cruel que nos invade.

Lo que si estoy seguro es que las mujeres terrenales nunca han sido algo inventado por Dios para distraer a los poetas, todo lo contrario, están para dar un sentido a la vida de poetas, músicos, pintores y rapsodas.

Salud Vito

David Rebollo dijo...

Tengo el bendito defecto de enamorarme de aquello que vuela y concebir las mujeres terrenales como simples cuadros en una pared de ladrillos. No encuentro amor en las gravedades, y eso debe ser lo grave de mi pensar. Cuando uno ha emprendido el vuelo alguna vez, aunque este se disfrace de dolor o incertidumbre, nada más puede conformalo. Por suerte, todos somos capaces de encontrar ese verdadero sentido al que has hecho mención, y alcanzar el cielo en algún que otro momento si nos lo proponemos, aunque lo dibujemos rodeado de piedras.
Y sí, para ello, el miedo es el más cruel y desagradecido de los lastres.

Un abrazo Moli, te tengo por mi lector más complacido. Mil gracias.
:)

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